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Especial: #Hombres Hombres de Altura z

Como ser un buen ministro de Dios sin descuidar a la familia (Equilibrio)

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Todo hombre de Dios que desea servirle con amor y entrega debe tener siempre presente lo que Él nos dice en su Palabra para mantener de esta manera un equilibrio en nuestra vida como esposo y padre, pero por sobretodo como cabeza de casa. De hecho, podemos apreciar en la siguiente cita bíblica la necesidad de ejercer un buen trabajo como jefe de la familia para poder ostentar cargos ministeriales:

 

“…Si alguno anhela obispado, buena obra desea. 2 Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; 3 no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; 4 que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad 5 (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)…” 1 Timoteo 3:1-5 (RVR1960)

 

Al centrarnos en los versículos 4 y 5 de 1 Timoteo notamos que es necesario que hombre ejerza su autoridad en el hogar, en amor y temor a Dios. Ya que Jesucristo es la cabeza del hombre y éste a su vez de la mujer. Y al ser capaz de ejercer autoridad en su primer ministerio que es la familia, efectivamente podrá ejercerlo en la Iglesia de Cristo y tendrá la condición moral y espiritual para hacerlo.

 

Los ministerios son exigentes, como incluso lo haría cualquier trabajo. La diferencia que existe es que en ellos les servimos al Señor y en los asuntos que son de Él. Pero como se requiere esfuerzo, tiempo y recursos para poder desarrollarlo, muchas veces tomamos lo que tenemos disponible para la familia (esposa e hijos) y los sacrificamos por nuestro crecimiento ministerial,  desatendiendo nuestra responsabilidad de proveedores para nuestro hogar que esta claramente definido en:

 

“…8 porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo…” 1 Timoteo 3:8 (RVR1960)

 

Ahora bien, cuando hablamos de proveer a qué nos referimos? Naturalmente a las necesidades espirituales, afectivas, sentimentales, temporales y materiales de la esposa y los hijos. Lamentablemente tenemos un limitante que es priorizar a los nuestros y suplir cada una de las cosas que ellos requieren para estar bien. Ya que de no hacerlo, somos peor que aquellos que no creen en Dios, y nuestras obras no son conforme a nuestra fe, son muertas. Lo más lamentable, es que al no suplir traerá consecuencias muy negativas en nuestro hogar, e incluso la disolución del mismo y por ende el fracaso como esposo, padre y cabeza de casa.

 

Es importante considerar que una familia proveída de las cosas que necesita, la paz y el amor son parte de lo que reina en medio de quienes la conforma, pero cuando ese no es el caso, lo que impera es el caos, las necesidades, la inconformidad y todo sentimiento de frustración que imposibilita el crecimiento de cada uno de sus miembros. Uno de los más afectado, es la esposa. Hay que tener presente:

 

“7 Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” 1 Pedro 3:7 (RVR1960)

 

Una esposa infeliz por no contar con un esposo que cumpla con sus obligaciones, responsabilidades y deberes como cabeza, obviamente estará susceptible a cambios de humor y consecuentemente las discusiones y peleas estarán a la orden del día. Lo que traerá como consecuencia molestias y disgustos que repercutirán a la hora de mantener una comunión con nuestro Padre e ineludiblemente nuestras oraciones no serán escuchadas hasta tanto no hagamos lo que debemos hacer para contentar a nuestra compañera.

 

Por otro lado, nuestro Dios es tan bueno que nos dice por medio de su Palabra las cosas que debemos hacer para lograr vivir una vida en familia con propósito y un orden agradable a Él, al referirlo en los siguientes versículos:

 

“18 Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. 19 Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. 20 Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor. 21 Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten” 1 Colosenses 3:18-21 (RVR1960)

 

Debemos amar y respetar a nuestras esposas y no ser ásperos con ellas, demandar obediencia en nuestros hijos y no desalentarlos por nuestras correcciones que estén fuera del amor que nuestro Señor nos pide tengamos para con ellos.

 

La buena noticia es que Dios entiende cuando le damos prioridad a nuestra esposa ya que está manifestado de la siguiente manera:

 

“…El soltero tiene cuidado de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor; 33 pero el casado tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer” 1 Corintios 7:32-33 (RVR1960)

 

En definitiva es importante amar a nuestra mujer y lo que del fruto de su vientre se nos he dado, ya que ella es parte de lo que somos como está escrito:

 

“25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. 28 Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. 29 Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, 30 porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos” 1 Efesios 5:25-30 (RVR1960)

 

Y finalmente surge una pregunta: Al tener un gran crecimiento y éxito en nuestro ministerio dentro de la Iglesia, pero con una familia disfuncional, que deja mucho que desear, con la esposa e hijos que no se sujetan. Podemos considerarnos hombres de Dios exitosos y obrando conforme a su Palabra?

 

No importa cual sea tu respuesta, medita en ella y al final sabrás que fuiste llamado a ser cabeza y no cola: Preparado para toda buena obra e irreprensible delante de Dios y de los hombres. Un hombre con un ministerio y una familia dedicada al Señor.

 

¡Dios te bendiga!

Alberto Amaro

Escrito por

Saludos mi nombre es Alberto Amaro. Me congrego en la Iglesia La Zarza Ardiendo en San Fernando de Apure, Venezuela. Casado y Padre de dos hermosas niñas. 43 años de Edad. TSU en informática, me apasiona la investigación, la tecnología pero aún más servirle a Cristo Jesús nuestro Señor.



1 Comentario

  1. Jesús Garces

    Jesús Garces

    Mil bendiciones pastor, fue de gran bendición esa palabra que la gloria del Dios todo poderoso te cubra con gracia y que cada dia se te sea mas revelada su palabra Dios te bendiga

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Comentarios

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  • Grasias por la enseñanza, esta muy bonita. Dios los bendiga.

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